Iglesia parroquial de Ezcaray

Iglesia parroquial Santa María La Mayor, Ezcaray


El retablo, dedicado a la Virgen María, data de la segunda década del siglo XVI, posiblemente entre los años 1520 a 1530, en el entonces reinado de Carlos I de España y
V de Alemania, unos treinta años después del descubrimiento de América.
De estilo gótico internacional, en su tránsito al renacimiento, tiene rasgos o detalles
hispano-flamencos.
Su autoría es aún un enigma, que seguro se desvelará durante su restauración, aunque
ya se apuntan datos que hablan de varios posibles autores como Felipe Vigarny y Hernando de Salcedo o al menos sus talleres afincados en Burgos, Casalarreina y el propio
Ezcaray, perteneciente a la diócesis de la capital castellana durante varios siglo.


Iglesia parroquial Santa María La Mayor, en miniatura

En el ayuntamiento podrá verse esta maqueta que ha elaborado Riaño con todo lujo de detalles. Su autor ha invertido 2500 horas en su realización. La escala es de 1 a 30 y ha dejado abierta la puerta de atrás, la que habitualmente utilizan todos los que llegando tarde no quieren que se note demasiado y buscan refugio en los últimos lugares. (bien saben ellos que en el reino de los cielos, ellos serán los primeros).
Gracias a ese planteamiento, incluida en él la licencia que se tomó de abrir en la cara norte algunos ventanales inexistentes, pueden verse las nervaduras, bóvedas, estructuras de madera, las cerchas y el mecanismo del reloj, entre otros elementos. Y también el mobiliario y la decoración del templo, con tanta minuciosidad en el detalle que da la sensación de estar viendo la verdadera iglesia: bancos, muebles de la sacristía -incluido un armario con ropa colgada-, lámparas, cuadros, esculturas, el órgano, el ‘Matachín’…. «Es una maqueta didáctica», explica.
Los cinco retablos son obra de Ricardo Aransay Calvo. «Él ha hecho la joya y yo el envoltorio», dice José Antonio en alusión a una ayuda que «ha contribuido a enriquecer la maqueta en grado sumo». También agradece otras muchas colaboraciones que su proyecto ha recibido, y habla del destino de la obra, que ya se encuentra prácticamente acabada. De común acuerdo con Ricardo Aransay, tenía claro donarla «al pueblo de Ezcaray».

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