Marisa Sánchez

Marisa Sánchez



Así es como venía retratada después de que recibió el premio nacional de gastronomía, yo la recuerdo siempre por su aspecto impecable, su belleza y su sonrisa.

Marisa Sánchez Echaurren, Premio Nacional de Gastronomía, es una mujer dinámica, apasionada, con carácter y a la que no le gusta ser protagonista como lo demuestra al achacar sus éxitos a su marido, Félix Paniego. Es una persona muy familiar que vive intensamente la vida de sus hijos y adora a sus nietos.

Junto a su marido regenta el hotel Echaurren que ambos compraron a sus padres cuando se casaron, lo que les convierte en la cuarta generación de la familia que lo hace. Su bautizo de fogones fue preparar una boda en ausencia de su madre cuando sólo tenía quince años.

Le gusta la cocina vasca, comer cosas sencillas como huevos fritos con pimientos y guisar platos elaborados que requieran mucha atención y cariño. A estas alturas no le importaría trabajar en las cocinas de los grandes cocineros a los que admira, para ver y aprender. Viaja frecuentemente con su marido para conocer otras cocinas y comen fuera por la misma razón.

Lo primero que hace cada mañana es poner un gran caldo de carne y verduras y otro de pescado, por si hay que añadir a los guisos.

Su mayor afición es la escritura y lleva varios años recopilando recuerdos de su infancia, de sus amigos y de personajes curiosos. Le gusta leer novelas con trama, admira a Pearl S. Buck, Torrente Ballester y las novelas históricas. En sus noches de insomnio relee libros de cocina, especula “in mente” y crea recetas que pone en marcha al día siguiente…

Alguna de sus recetas memorables

  • Caparrones

    Ingredientes: alubias rojas, 1 cebolla, 4 dientes de ajo, 1 hoja de laurel, 1 pimiento choricero, 1 chorizo, 1 trozo de tocino de veta, 1 morcilla, ajo y perejil., vinagre, sal, aceite de oliva

    Elaboración: Dejamos las alubias en remojo la víspera. A la mañana siguiente, las ponemos a cocer en una cazuela con agua fría, una cebolla entera, tres dientes de ajo enteros con camisa, una hoja de laurel y un pimiento choricero. No ponemos demasiada agua para que cuando empiecen a hervir podamos añadir varias veces agua fría para “asustarlas”.
    Cuando están medio cocidas, añadimos un chorizo, un trozo de tocino de veta y una morcilla durita para que no se deshaga al cocer.
    Más tarde, cuando están ya cocidas, les añadimos un machacadito de ajo y perejil (poco), un chorrito de vinagre (sólo enseñárselo) y sal.
    En una sartén ponemos aceite, un diente de ajo pelado y cuando está frito, sin llegar a quemarse añadimos un poquito de pimentón y lo vertimos sobre las alubias, removemos un poquito y las dejamos a un lado hasta servirlas.
    Los tropiezos se pueden servir troceados y aparte.

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  • El sabor de la memoria