El Monasterio de Yuso, La Rioja

El Monasterio de Yuso

Patrimonio de la Humanidad

Los Monasterios de Suso y Yuso de San Millán de la Cogolla fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el 4 de diciembre de 1997, por razones históricas, artísticas, religiosas, lingüísticas y literarias.
Cabe recordar que en los muros de este recinto monástico fue donde, hace más de mil años, unos monjes escribieron las primeras palabras en romance: una lengua que, evolucionada, hoy conocemos como castellano o español. En San Millán fue también donde escribió sus obras el primer poeta en lengua española conocido, Gonzalo de Berceo. Tras la declaración como Patrimonio de la Humanidad, el Gobierno de La Rioja ha realizado un notable esfuerzo para favorecer la protección y cuidado de los monasterios e investigar, documentar y difundir los orígenes de la Lengua castellana, a través de la constitución de la Fundación San Millán de la Cogolla y la creación del Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española (Cilengua)

El 8 de octubre de 1998, se constituyó la Fundación San Millán contando como miembros fundadores con el Gobierno de La Rioja, la Fundación Caja Rioja e Ibercaja, a los que posteriormente se ha ido sumando una importante representación del empresariado riojano y del ámbito nacional. El Presidente de Honor del Patronato de la Fundación es Su Alteza Real el Príncipe de Asturias, D. Felipe de Borbón.

El 9 de abril de 2007, se procedió a la apertura oficial de las dependencias del Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española en San Millán y Canillas de Río Tuerto. El Cilengua se creó para dar continuidad a la labor de difusión y promoción del idioma que, desde el siglo X y hasta la actualidad, se viene desarrollando en torno a los monasterios emilianenses.

Cuna de la lengua

Las Glosas Emilianenses no indican un momento ni el lugar exacto en que comienza a existir el castellano. Sin embargo, San Millán se ha convertido en el símbolo del nacimiento de la lengua casellana. En torno a su sriptorium, biblioteca y archivo un monje escribe por primera vez, de forma consciente, en el habla del pueblo. No son palabras sueltas, no son traducción de un texto en latín.
Surge así el el primer pasaje de prosa continua, una muestra de un sistema lingüístico, perfecto en sí mismo, en razón de su utilidad comunicativa, alejado ya de los esquemas latinos, con independencia lingüística consciente. Y en este mismo marco, sólo algunos siglos más tarde, escribió sus versos Gonzalo de Berceo, el primer poeta de nombre conocido de nuestra literatura.
Ninguna otra lengua conocida, de extensión e importancia comparables a la española, puede ser atribuida y asociada a un monumento y entorno natural tan singularizado y concreto como San Millán.
Pero San Millán es mucho más que un conjunto arquitectónico singular, más que unas glosas en romance, más que el lugar en que desarrolló su vocación y escribió Berceo. El verdadero tesoro que encierran estos Monasterios, lo que han dado al mundo y les ha hecho merecer el reconocimiento de la comunidad internacional a través de su declaración como Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO es, precisamente, un patrimonio lingüístico.

Los primeros textos en castellano y en vascuence

En castellano




PRIMER TEXTO EN CASTELLANO.

Cono aiutorio de nuestro dueno dueno Christo, dueno Salbatore; qual dueno get ena honore et qual duenno tienet ela mandatione cono Patre cono Spiritu Sancto enos sieculos delo sieculos, facamus Deus Omnipotes tal serbitio fere ke denante ela sua face gaudioso segamus. Amén.

Con la mediación de nuestro Señor, don Cristo, don Salvador, que comparte el honor y la jerarquía con el Padre y con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos, Dios omnipotente nos haga servir de tal manera que nos encontremos felices en su presencia. Amén

En vascuence




PRIMERAS GLOSAS EN VASCUENCE.

izioqui duguguec aiutuezdugu.

Hemos sido puestos a cobijo, hemos sido salvados a nosotros no se nos ha dado ayuda .

Más informaciones en la página oficial del Monasterio de Yuso

San Millán o San Emiliano de la Cogolla

San Millán es uno de los confesores hispanos más celebrados de la España visigoda. Debe la extensión de su fama a la Vita Sancti Emiliani escrita por el obispo San Braulio de Zaragoza y más tardiamente a la Historia del Señor San Millán de Gonzalo de Berceo.
 
Su fama también lo hizo tener una presencia en la iconografía, imaginería popular, leyendas, apariciones en batallas libradas contra los moros. Todo esto produjo un oscurecimiento de la verdadera figura de San Millán, monje pobre, eremita y santo.

Millán es hijo de pastores y pastor él mismo desde su niñez. Siendo joven se hace discípulo del ermitaño Félix, llevando vida solitaria y penitente en la provincia de la Rioja, en la montaña de Bilibio, cerca de Haro. Habiendo aprendido el tenor de vida eremítico, vuelve a su pueblo para internarse en los montes Distercios. Pasa allí cuarenta y cuatro años. Según Gonzalo de Berceo, «confesor tan precioso no nació en España.

De la soledad es llamado por su obispo Dídimo de Tarazona al presbiterado, asumiendo prontamente la parroquia de Santa Eulalia en su pueblo natal Berceo. El paso por la parroquia resultó en un estruendoso fracaso. Fue acusado de malversación del dinero parroquial por sus hermanos sacerdotes y reprendido por el obispo. Finalmente decide volver a su soledad. Se retira al valle de Suso o de arriba, cercano a su pueblo, donde trascurre la última etapa de su vida. En torno al santo va formándose una comunidad de hermanos y hermanas que formarán después de la muerte de San Millán el gran monasterio de San Millán de la Cogolla [Logroño].

Ya en vida, San Millán es visitado, consultado y venerado. Salió al parecer muy poco de su eremitorio. La última salida que hace es para anunciar la destrucción de algunas ciudades de Cantabria. Un poco después muere con más de cien años.

Sus restos fueron venerados durante mucho tiempo en el mismo lugar de su ermita. En el 1076 sus restos son trasladados a la nueva Iglesia de Yuso o de abajo. Los restos de San Millán reposaron allí durante más de setecientos años, donde desde 1809, peregrinan por las vicisitudes de las invasiones francesas, la desamortización de Mendizabal, la República española etc. En 1943 sus restos vuelven al monasterio donde sigue siendo venerado y recibe continuamente los pedidos de intercesión del Pueblo de Dios. La fiesta de San Millán se ha celebrado ininterrumpidamente desde la época visigoda, el 12 de noviembre, aniversario de su muerte.